15/08/2012 às 08h21min - Atualizada em 15/08/2012 às 08h21min

Produtos lácteos y salud - Parte II

Control de peso

El mantenimiento del peso corporal requiere un equilibrio entre ingestión de nutrimentos energéticos y gasto energético, de tal forma que un pequeño desequilibrio puede conllevar a cambios significativos en el peso corporal con el paso del tiempo y resultar finalmente en obesidad. El sobrepeso y la obesidad representan hoy en día uno de los mayores problemas de salud pública en el mundo y son factores de riesgo para varias enfermedades crónicas. Desafortunadamente, no existe una fórmula mágica para contrarrestar este problema pero se ha visto que existen algunos alimentos, entre ellos los productos lácteos, que de una u otra forma influyen en los resultados obtenidos cuando se evalúan diferentes tipos de dietas.

La influencia de los productos lácteos en el control de peso no ha dado resultados contundentes; no obstante, en varios estudios poblacionales se ha detectado una relación inversa entre el consumo de productos lácteos y el índice de masa corporal (IMC) (1,24-26). Asimismo, se ha mostrado que el consumo de lácteos disminuye la ganancia de peso. El efecto de los productos lácteos en la pérdida de peso sigue siendo un área controversial de investigación (27); a pesar de esto, se podría considerar que los productos lácteos son un componente importante en las dietas que persiguen un manejo óptimo del peso corporal.

El calcio dietético y los productos lácteos tienen un efecto antiobésico en estudios con animales, observacionales y poblacionales así como en ensayos clínicos aleatorios (28). Existe un fuerte marco teórico para explicar los efectos del calcio dietético en el metabolismo energético: la  corrección del consumo

subóptimo de calcio inhibe la respuesta de la hormona paratiroidea (PTH) y calcitriol, que favorece el almacenamiento energético en los adipocitos e inhibe la pérdida de los mismos por la vía de la apoptosis.

El calcio dietético, además, se une con los ácidos grasos en el tracto gastrointestinal formando jabones de calcio, evitando su absorción; de este modo, modestamente disminuye la absorción de este nutrimento energético.

El calcio dietético parece ser el responsable de aproximadamente el 50% de la actividad antiobésica de los lácteos, y probablemente las proteínas del suero son las responsables del resto a través de la actividad inhibidora de la ECA y la alta concentración de leucina en el mismo. La leucina contribuye en la redistribución del tejido adiposo hacia el músculo esquelético durante la pérdida de peso, por lo que se conserva el músculo esquelético y se facilita una pérdida acelerada de tejido adiposo cuando se produce el balance negativo de energía en las dietas de reducción de peso.

Una dieta con alto contenido de calcio suprime el estrés oxidativo e inflamatorio inducido por la obesidad, independientemente de su papel en la modulación de la adiposidad; otros componentes de los lácteos ejercen estos mismos efectos.

Estudios como el NHANES III, llevado a cabo en EUA, y el CARDIAS (29), informaron que las personas cuya ingestión de calcio estaba en los cuartiles superiores tenían 85% menos riesgo de desarrollar obesidad comparadas con las del cuartil más bajo de consumo. De la misma manera, en el estudio de Zemel y cols.

(30) en el que dividieron a los participantes en tres grupos - uno con poco consumo de calcio, otro con un complemento de carbonato de calcio y el tercero con un consumo de tres raciones de lácteos al día- se encontrón que el grupo que consumía mayor cantidad de lácteos tuvo la mayor pérdida de peso corporal, de tejido adiposo y disminución de la grasa en la región abdominal, seguido del grupo con consumo alto de calcio, por lo que concluye que el calcio tiene un efecto antiobesigénico, pero que la leche tiene otros componentes como el CLA, los aminoácidos de cadena ramificada y otras moléculas que potencian el efecto benéfico para el control de peso y la distribución de tejido adiposo.

Ya se mencionó que existe una asociación positiva entre el consumo de productos lácteos y el mantenimiento de un peso corporal saludable. El calcio, los triglicéridos de cadena media y el CLA son factores que modulan el metabolismo de lípidos y el gasto energético. Sin embargo, los productos lácteos y los componentes de los lácteos como sus proteínas, también son conocidos por suprimir la ingestión de alimentos a corto plazo ya que incrementan la saciedad subjetiva y estimulan los mecanismos conocidos de señalización de saciedad y satisfacción a través de: 1) La fracción de proteínas del suero per se, 2) los péptidos bioactivos, 3) la liberación de aminoácidos después de la digestión y 4) Una acción combinada de las proteínas del suero y/o péptidos y/o aminoácidos con otros componentes de la leche (31). Aunado a estas propiedades de los productos lácteos, la práctica de hoy en día de adicionar fibra a la leche y sus derivados como yogurts para beber también ha favorecido el control de peso por suprimir el apetito, potenciar la saciedad y controlar el consumo de alimentos (32).

Cáncer

La alimentación es uno de los muchos factores ambientales cuyo papel en el desarrollo o prevención del cáncer se ha estudiado en forma activa. Se estima que un tercio de todos los casos de cáncer podrían estar relacionados con la alimentación (1). Las investigaciones indican que el consumo excesivo de alcohol y grasas, así como una dieta con alto aporte energético pueden promover el cáncer, mientras que otros nutrimentos podrían ser protectores en contra de esta enfermedad, incluyendo algunos componentes que se encuentran en forma natural en los productos lácteos.

Se ha informado que el consumo elevado de productos lácteos está asociado con el cáncer no progresivo de próstata (33), sin embargo, un meta-análisis que reunió 26,769 casos de 45 estudios observacionales en esta enfermedad no encontró asociación entre el consumo de productos lácteos y el aumento en el riesgo de cáncer de próstata (34).

A diferencia del cáncer de próstata, se ha documentado ampliamente el efecto protector de los productos lácteos en el cáncer de colon, específicamente relacionado con su contenido de calcio, vitamina D y ácidos grasos conjugados (CLA). El consumo de las recomendaciones de ingestión de calcio y vitamina D, especialmente provenientes de fuentes como los lácteos, es una medida prudente para disminuir el riesgo de cáncer de colon (1); estos nutrimentos, junto con el CLA y algunas proteínas del suero como la lactoferrina y la b- lactoglobulina (que estimulan el sistema inmunológico y en animales tienen un efecto anticancerígeno) pueden ser los responsables del menor riesgo de desarrollar cáncer de mama en mujeres postmenopáusicas (36).

Salud gastrointestinal

El consumo de algunos lácteos, en especial el yogurt y las leches fermentadas que incluyen probióticos y bacterias productoras de ácido láctico como Lactobacillus acidophilus y Lactococcus lactis, se ha relacionado con algunos beneficios en la intolerancia a la lactosa, estreñimiento, alguno tipos de diarrea, enfermedad inflamatoria intestinal, infección por Helicobacter pylori y algunas alergias en niños, entre otras condiciones. La influencia positiva de estos productos lácteos sobre la salud gastrointestinal se debe principalmente a los efectos mediados por la microbiota intestinal, el tránsito colónico y el aumento de las respuestas inmunológicas gastrointestinales innatas y adaptativas (37,38).

Un alto porcentaje de la población adulta suele presentar mala digestión de lactosa debido a una menor actividad o deficiencia de lactasa, la enzima que digiere la lactosa o azúcar de la leche; cuando la mala digestión de lactosa se acompaña de síntomas como distensión, flatulencia, dolor abdominal y diarrea se dice que el paciente padece intolerancia a la lactosa. La actividad de lactasa tiende a disminuir con la edad y con la alteración del borde de cepillo del duodeno por diversas causas, entre ellas diarrea; presenta una variación racial y a últimas fechas se ha demostrado que está determinada genéticamente (39). El análisis de una gran cantidad de estudios al respecto arrojó globalmente que los pacientes con mala digestión de lactosa pueden llegar a consumir entre 12 y 15 g lactosa, cantidad que se suele encontrar en un vaso de leche (40); sin embargo, en las personas que presentan intolerancia a la lactosa existen tres maneras de afrontarla: a) evitando los lácteos; b) ingiriendo suplementos de lactasa; c) consumiendo leche y lácteos deslactosados.

Conclusiones

Con base en la evidencia actual, es posible que la leche y los productos lácteos, cuando son consumidos en cantidades adecuadas y, principalmente en sus variedades bajas en grasa, tengan un efecto benéfico en la prevención y/o tratamiento de enfermedades crónicas importantes como la hipertensión, la diabetes mellitus y el control de peso. De igual forma, la ingestión de productos lácteos contribuye en la formación de huesos y dientes sanos y su mantenimiento y promueve la salud gastrointestinal a través de productos lácteos específicos.

El papel protector de los lácteos y del calcio ingerido en el desarrollo del cáncer de próstata todavía no está totalmente esclarecido, no así el de éstos y otros componentes de la leche en el cáncer de colon. Una importante parte de la población mundial son malos digestores de lactosa, es decir, no digieren adecuadamente la lactosa (por deficiencia de lactasa genética o racialmente determinada y por alteraciones en la mucosa duodenal); sin embargo, no todos los pacientes son intolerantes a la lactosa, en otras palabras: presentan síntomas tras consumir lácteos. Los productos deslactosados constituyen una importante alternativa para quienes son intolerantes a la lactosa y desean gozar de los beneficios de la leche.

Si se considera que la leche es una fuente importante de nutrimentos como proteínas y péptidos (incluyendo la lactoferrina), calcio, magnesio, potasio y CLA, los profesionales del área de la salud pueden estar seguros que el recomendar el consumo de cantidades adecuadas de productos lácteos (dos a tres porciones al día), de preferencia con bajo contenido de grasa, pueden formar parte de una dieta saludable.




Autor: Nutricionista Cecilia Sommer Finkelman

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