12/05/2012 às 10h23min - Atualizada em 12/05/2012 às 10h23min

China en búsqueda de la autosuficiencia láctea.

www.urgente24.com

La Argentina está en estos precisos momentos en búsqueda de su autosuficiencia energética. Encomiable esfuerzo. Y para eso, están los Chinos en línea, siempre tán ávidos para hacer negocios.

Entonces ¿por que será que con los chinos sentados en una mesa de negociación, no seamos los argentinos capaces de cantar retruco?

Porque China está en estos momentos en busqueda de su autosuficiencia láctea. Y para ello vienen importando novillonas a rolete. Uruguay les vende. Argentina no. Una nueva oportunidad perdida.

China es uno de los mayores transportistas de cabezas de ganado de la historia, hasta 100.000 vaquillonas de Uruguay, Australia y Nueva Zelanda se embarcarán este año en barcos multipisos con destino en China, reporta el WSJ.

El rejunte global es un elemento clave de los esfuerzos de China por satisfacer la creciente demanda interna de leche y rehacer su industria láctea tras el escándalo de la leche contaminada en el 2008 que devastó la producción y mandó a los desconfiados consumidores en búsqueda de leche importada.

La industria china de productos lácteos tiene un largo camino por recorrer: las vacas chinas son sólo la mitad de productivas que sus pares en USA. Pero así como construyó su dominio en la fabricación de productos electrónicos, textiles y juguetes, el gobierno chino ha puesto su mira en convertir a la nación en un productor de leche dominante. Se ha establecido metas de producción, creado impuestos y otros incentivos financieros para los grandes productores lecheros y alienta a los inversionistas extranjeros para que lleven su capital y su tecnología. Y está comprando vacas extranjeras de alta producción a barco lleno.

Desde 2009, China se ha convertido en el comprador más importante del mundo de vacas lecheras, haciendo subir los precios de los terneros en todo el mundo y ejerciendo presión sobre otros mercados, como el de la alfalfa y el de semen de toro. China ha importado, desde el año 2009, cerca de 250.000 novillonas o vacas en pie, que aún no se han reproducido, según datos de Global Trade Servicios de Información. El año pasado se gastaron más de US$ 250 millones en 100.000 novillonas provenientes del extranjero, unos 25 buques.

Son varios los productores en países que exportan sus ahora caras vaquillonas a China los que plantean sus temores de que China pase de ser cliente a competidor en el mercado mundial de leche.

“Estamos construyendo las manadas de nuestros competidores”, dice Nick Renyard, dueño de una lechería con sus 550 cabezas de ganado en el estado de Victoria, Australia. “Es como vender las joyas de la abuela, sólo se lo puede hacer una vez”.

Se espera que el flujo de vacas continúe estable durante varios años más toda vez que la industria láctea china están intentando alcanzar las metas de producción fijada por el gobierno que eventualmente podría sustituir a las importaciones.

“Tenemos que resolver nuestros problemas con los productos lácteos nosotros mismos”, dice Deng Jiuqiang, el millonario fundador y presidente de China Modern Dairy, el mayor productor de leche del país asiático, de rápido asenso. Siguiendo el modelo de los grandes tambos de USA Modern Dairy posee 15 granjas industriales y tiene otros 4 en construcción. La empresa cuenta ya con 128.759 cabezas de ganado e importa cerca de unas 22.000 más por año hasta llegar a su meta de 300.000, incluyendo importaciones y cría, para el 2015.

Modern Dairy, que se beneficia de los subsidios y los incentivos fiscales del gobierno, recibió fondos críticos de USA, de la firma de capital privado KKR junto con varios otros inversionistas, los que dejaron US$ 150 millones en la compañía. KKR designó a 2 consultores a tiempo completo en los tambos para asesorar, entre otras cosas, acerca de la mejor combinación de forrajes para alimentar a las vacas para maximizar su producción.

“China tiene una historia corta en productos lácteos. Estoy seguro de que podemos estar haciéndolo tan bien como USA”, dice Deng.

Para ir al grano, la industria china aún debe superar la desconfianza aun persistente tras el escándalo de la melamina del 2008. La leche escaseaba por ese entonces y el gobierno, preocupado por la creciente inflación, le apuntó a los vendedores de leche para mantener bajos los precios, reduciendo así los márgenes de rentabilidad.

Como consecuencia, los productores aguaron la leche y le añadieron polvo de melamina tóxica para pasar las difíciles pruebas de proteínas. Por lo menos 6 bebés murieron y decenas de miles de personas sufrieron problemas renales.

En respuesta, China implementó rápidamente una reforma. Los gobiernos provinciales prohibieron las granjas “en los patios traseros” y forzaron a los pequeños productores a trasladar sus animales a instalaciones aprobadas por el gobierno -conocidos como hoteles de vacas- donde los inspectores podrían hacer más eficazmente su trabajo.

Para fomentar el crecimiento de las grandes explotaciones, el gobierno ha ordenado que los tambos más importantes del país -los que compran de las granjas y convierten la leche cruda en leche envasada, yogur, helado y queso- adquieran una parte sustancial de la leche que compran de las grandes granjas.

Las empresas extranjeras y las financieras del mundo se han colado en el tren chino de los productos lácteos. La firma de capital privado de Hong Kong, Olympus Capital y Milch Mueller, un gran tambo alemán, han invertido en la industria láctea chinas. La cooperativa lechera de Nueva Zelanda, Fonterra, el mayor exportador mundial de productos lácteos, está construyendo su tercera granja de productos lácteos en China repleto de vacas Kiwi.

Modern Dairy, al igual que otros grandes tambos chinos, cuenta con un importante apoyo estatal. La empresa recibió subvenciones del gobierno por US$ 7,6 millones en 2010 y 2011, la mayoría de los cuales se destinaron a la compra de vacas, de acuerdo a la información proporcionada por la empresa frente al regulador bursátil. Apartó con motivo de su oferta pública inicial de acciones en 2010 unos US$ 113 millones para la compra de vaquillonas.

En las instalaciones de Feidong -valuadas en US$ 100 millones- un montaje digital en la sala de exposición muestra el primer ministro Wen Jiabao con Deng, el fundador de Modern Dairy, realizando una visita a los tambos de Modern Dairy.

“El gobierno local es un gran apoyo”, dice el presidente ejecutivo, Gao Lina, un ex funcionario del gobierno y miembro del Partido Comunista. El gobierno proporcionó la tierra y entregó 3.000 yuanes (US$ 475) por cada vaca. Como productor agrícola, la empresa no paga impuestos sobre la renta.

China bbe en promedio unos 9.45 litros de leche líquida al año, menos de un tercio de lo que consume Japón y Corea del Sur, y muy por detrás de los 20,8 litros de USA, según datos de la Federación Internacional de Lechería, un grupo comercial con sede en Bruselas. Eso es, después de un aumento del 90% en el gasto de los consumidores en los últimos 5 años, que lo llevó a los US$ 32 mil millones, según los investigadores de mercado Euromonitor International. Euromonitor espera que la brecha láctea se reducirá a medida que más chinos se trasladan a las ciudades, cambian de dietas y el gasto en productos lácteos crece a un ritmo similar en los próximos años.

Modern Dairy, quien no estuvo implicada en los escándalos de la melamina, no podría satisfacer la demanda basándose solamente en las cabezas de ganado existentes en el país.

En líneas generales, las 12 millones de vacas de China son pobres productoras. Alrededor del 15% de las vacas de la nación se perdieron tras el escándalo de la melamina ya que los agricultores quebrados optaron por vender la carne. Las que quedaron son propensos a enfermedades y gozan de una vida corta. Las vacas chinas, importadas de Europa hace décadas, nunca se criaron científicamente, por lo que producen un promedio de 4 toneladas de leche al año, en comparación con las 9 toneladas de las vacas estadounidenses.

Cruzar a las vacas chinas con semen de toro estadounidense eventualmente mejoraría la hacienda, pero para eso hace falta mucho tiempo, décadas, dicen los expertos.

“No se puede criar animales cortos y tener la esperanza de salgan largos”, dice Julian Wolhardt de KKR.

Modern Dairy y sus inversionistas calculan que la única manera de que las vacas chinas estén a la altura y sean competitivas es remplazarlas. La producción por vaca en Modern Dairy ha aumentado de 6,1 toneladas por año en 2008 a 7,8 toneladas en 2011 gracias a las nuevas vacas y las inversiones en instalaciones y técnicas de alimentación al estilo estadounidense.

Deng fundó China Dairy en 2004, con la esperanza de aprovechar la ola de aumento de la demanda. En la primera parte de la década hizo su fortuna como ejecutivo de Mengniu, uno de las procesadores de leche más grandes de China. La empresa luchó por obtener leche de buena calidad de la red China de pequeños productores. Deng se abrió por su cuenta cuando Mengniu le garantizó ser su principal cliente. Hoy en día, Modern Dairy vende el 98,5% de su leche a Mengniu.

Deng recuerda sus visitas a los tambos estadounidenses en Texas y Ohio donde quedó muy impresionado de que los estadounidenses hayan descubierto la manera de aglutinar a las vacas en cobertizos.

“No es necesario tener un montón de tierra y se puede ser más eficiente”, dijo. La alta densidad de población de China limita las tierras de pastoreo. Cuando las vacas pastan libremente, producen menos. Cuando están confinadas en galpones, comen más, porque la alimentación está controlada.

El resultado son complejos tamberos como los que tienen Modern Dary en Feidong, un extenso conjunto de edificios que desde fuera se parece más a una fábrica de electrónica que a una granja. Las vacas viven en cobertizos del tamaño de un campo de fútbol, están rara vez al aire libre y se ordeñan 3 veces al día en bovinas alemanas que miden el flujo de leche, rara vez al aire libre de riesgo y se ordeñan 3 veces al día con bombas automáticas de origen alemán que miden el flujo de cada vaca al segundo y mandan la información a las computadoras centrales. Hay allí unas 20.000 cabezas de ganado.

Obtener las vacas adecuadas no fue tarea fácil. Desde el brote de la enfermedad de las vacas locas en USA en el 2003, China ha prohibido las importaciones de ganado vivo de América del Norte, que tiene los ejemplares más productivos.

Deng recurrió entonces a Australia y a Nueva Zelanda. Y más recientemente, ya que la demanda supera ampliamente la oferta en esos países, a Uruguay, el país más alejado de China en el mundo. Los 3 países son actualmente los únicos aprobados por las autoridades chinas. Para la Argentina, esto debería ser una oportunidad.

Modern Dairy impregna a las vaquillonas importadas exclusivamente con semen de toros estadounidenses en pequeñas dosis conservadas congeladas en nitrógeno líquido.

Desde 2002, China ha pasado de ser el 45o destinatario de semen bovino para pasar a ser el noveno, con unas 366.000 dosis el año pasado, con un precio que oscila entre US$ 10 y US$ 30 por pieza.

USA también envía el alimento que esas vacas comen porque China no tiene la oferta de alto valor proteico en su alfalfa, un elemento básico que los principales productores de vacas necesitan. La demanda de vacas de China ha ayudado a duplicar los precios estadounidenses de la alfalfa en el último año.

Sin duda las generosas ofertas de China para las novillonas extranjeras están ayudando a los productores en Australia, Nueva Zelanda y Uruguay. Pero también está aumentando las preocupaciones en algunas comunidades ganaderas en el extranjero.

“Es extraordinario el dinero que están ofreciendo”, dice Roma Britnell, una productora australiana que recientemente vendió 50 terneros a un comprador chino. Utilizó los fondos –unos US$ 65.000- para saldar la hipoteca que tenían aún en su granja comprada en el 2000.

“Yo no diría que la ha creado confusión, pero casi”, dice Héctor Laca-Viña, un agrónomo uruguayo. China importó el 15% de las crías del Uruguay el año pasado. Sacándole a la producción futura del Uruguay. Eso si, los productores fueron bien recompensados. Los agricultores fueron bien recompensados, con precios que llegaron a los US$ 1.400 por una vaquillona, un 50% de aumento en 2 años.

El viaje no es gratis tampoco. La hacienda viaja en corrales con piso hecho con aserrín o material similar. Las normas exigen las disposiciones de emergencia en caso de que el barco queda varado. La deshidratación es un problema por lo que se requiere amplia ventilación para evitar la acumulación de gases mortales. El personal de a bordo suele tener experiencia veterinaria. Los animales sueltos son lanzados al mar.

A su llegada a China, los animales pasan 45 días en cuarentena antes de viajar en camión hasta la granja. Allí son inseminadas artificialmente para producir un ternero y comenzar su producción de leche.

Deng dice que el futuro de su negocio no es la leche, sino las vacas.

“Nuestro objetivo es la renovación del capital biológico”, dice. “Es más rentable vender las vacas que la leche”.

¿Será esa la política que seguirán con el petróleo y el gas argentino?

 


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